LA  RESPIRACIÓN

Cue
ntan las leyendas, que los dioses al nacer nos dan un número determinado de respiraciones y que dependiendo de lo que tardemos en consumirlas eso es lo que durará nuestra vida.


Podemos pasar varios días sin comer, sin beber, incluso sin dormir, pe
ro apenas nos falta el aire durante unos minutos nos damos cuenta de que se nos va la vida.

Actualmente el tipo de ritmo en el que nos movemos, no ayuda precisamente a realizar una respiración tranquila y controlada sino todo lo contrario. 

Las prisas, la tensión, el estrés consiguen ya no que respiremos despacio, sino que a veces nos encontremos con verdaderos problemas simplemente para respirar.

Nuestra función respiratoria suele estar limitada y más que respirar para vivir lo hacemos parar sobrevivir.

Debemos aprender a sacar provecho a esa función tan importante y dedicarle por lo menos, la misma atención que ponemos en tener una buena presencia externa.

Nos lavamos los dientes, el cabello o la cara, que esta muy bien, pero la verdadera importancia esta en limpiar la sangre realizando una correcta respiración ya que es precisamente esa sangre la que acude a la cara a los dientes y a todo nuestro cuerpo revitalizándolo y haciendo que se mantenga sano.

 Además, el acto de respirar de manera consciente nos va dando la posibilidad de adentrarnos en espacios de calma, sentir que nuestras emociones se ordenan y que la mente se tranquiliza. Todo el barullo interno al que a veces estamos sometidos, comienza a ordenarse y apaciguarse en el momento en el que decidimos trabajar con nuestra respiración.

La vamos dirigiendo con tranquilidad, y una sensación muy agradable comienza a percibirse en nuestro interior. A partir de ahí, se puede comenzar una observación mas profunda y llegar a lugares donde el paisaje se transforma en silencio y plenitud