Es inevitable cuando se trata el tema de yoga llegar al tema de salud. Muchas de las personas que conectan por primera vez con el yoga, lo hacen porque han oído o conocen, los beneficios que esta actividad puede aportar en sus problemas concretos de salud.
Otros, sin pensar que tienen un problema concreto de salud, acuden con la idea de mejorar su estilo de vida, ya que en ese momento no se sienten del todo bien.
Ese estado indefinido, en el que uno no se acaba de sentir bien, en realidad también está afectando en cierta medida a la salud, ya que con el término de salud nos referimos a un estado de armonía que llega a todos los aspectos de nuestra vida: bioquímico, fisiológico, orgánico, pero también mental, social, espiritual y medioambiental. Cada uno de estos aspectos puede afectar por igual a nuestra salud integral.
A veces, una persona que acude al yoga sin plantearse ninguno de estos aspectos, se da cuenta en un momento de su práctica, de la necesidad de cuidarse más y de conocer detalles sobre el cuidado natural de su salud.
Esto es así porque con la práctica del yoga se empieza a tomar conciencia del cuerpo, a sentirlo de forma diferente y a escuchar los mensajes que provienen de él. Cuando una persona opta por un tipo de medicina natural ( naturopatía, homeopatía, acupuntura, aromaterapia, ciertas terapias manuales,....), en lugar de la medicina convencional, está estableciendo una diferencia analógica, similar a cuando opta por realizar una asana, en lugar de realizar ejercicio. La medicina natural tiene una visión holística del ser humano. Esto quiere decir que contempla al ser humano como un todo.
Estamos acostumbrados a la visión parcelaria de la medicina oficial, en la que una persona más bien pasa a ser un riñón con pielonefritis o una fiebre por gripe. En estos casos una nueva enfermedad asociada a la misma persona es rápidamente disociada, y el paciente debe ir visitando otros especialistas que se hagan cargo de las distintas parcelas de su ser.